1 ¡Ay de la ciudad ensuciada y contaminada y opresora!
2 No escuchó la voz, ni recibió la disciplina; no se confió en el SEÑOR, no se acercó a su Dios.
3 Sus príncipes en medio de ella
4 sus profetas,
5 El SEÑOR justo en medio de ella, no hará iniquidad; cada mañana sacará a luz su juicio, nunca falta; mas el perverso no tiene vergüenza.
6 Hice talar
7 Diciendo: Ciertamente
8 Por tanto, esperadme, dijo el SEÑOR, el día que me levantaré al despojo; porque mi juicio
9 Porque entonces volveré
10 De esa parte de los ríos de Etiopía, suplicarán a mí, la hija de mis esparcidos, me traerá presente.
11 En aquel día no te avergonzarás de ninguna de tus obras con las cuales te rebelaste contra mí; porque entonces quitaré de en medio de ti los que se alegran en tu soberbia, y nunca más te ensoberbecerás del monte de mi santidad.
12 Y dejaré en medio de ti
13 El remanente de Israel no hará iniquidad, ni dirá mentira, ni en boca de ellos se hallará lengua engañosa; porque ellos serán apacentados y dormirán, y no habrá quien los espante.
14 Canta, oh hija de Sion;
15 El SEÑOR alejó tus juicios, echó fuera tu enemigo; El SEÑOR
16 En aquel tiempo se dirá a Jerusalén: No temas; Sion, no se debiliten tus manos.
17 El SEÑOR
18 Reuniré a los fastidiados por causa del
19 He aquí, en aquel tiempo yo apremiaré a todos tus opresores; y salvaré
20 En aquel tiempo